¡Juntas llegamos más lejos! Crónica de la jornada sobre internacionalización con el Institut Ramon Llull, el Festival Z y L’Última Merda

02.05.26

El pasado 18 de marzo tuvo lugar una jornada de intercambio y aprendizaje mutuo sobre internacionalización en artes escénicas, coimpulsada por el Institut Ramon Llull y el Festival Z y dinamizada por L’Última Merda Col·lectiu. La actividad duró de las diez de la mañana a las cinco de la tarde (¡con brunch incluido!), y contó con la participación especial de David Marin (Nau Ivanow), Núria Ramis (Festival Grec), Jordi Duran (Festival MAC y Festival de Navidad de Barcelona – ICUB) y Ester Campabadal (ICEC), así como con una decena de compañías y artistas jóvenes vinculadas a los entornos del Festival Z, la escuela universitaria ERAM y la Nau Ivanow.

Como suele pasar con las actividades de L’Última Merda, la jornada empezó moviendo el cuerpo, al ritmo de “La gira internacional de las divas”, donde artistas y programadoras, jóvenes y mayores, pudieron romper rápidamente todas las barreras, sacando la estrella que cada una lleva dentro.

Con la camiseta sudada y las vergüenzas fuera, arrancaron la jornada Teresa Carranza y Anna Monge, del Área de Creación del Institut Ramon Llull, que explicaron el funcionamiento del Institut y las diferentes líneas de apoyo que ofrece en el ámbito de las artes escénicas: apoyo a la creación, exhibición, movilidad, traducción y subtitulación, además de residencias internacionales. Carranza destacó la importancia que juega todo el ecosistema teatral en el ámbito de la internacionalización, la necesidad de ir a ferias y mercados y relacionarse.

De hecho, algunas de las ayudas del ICEC, como explicó Ester Campabadal, cubren también los gastos derivados de la prospección (que no exhibición, como sí que hace el Llull) a estos festivales y ferias. Ojo, que a veces las ayudas tardan mucho en resolverse, alguien diría que quizás demasiado, pero es el precio a pagar para hacer que todo sea lo máximo de riguroso y objetivo posible. “No es que sea lento, es transparente”, destacó Monge. ¿Quizás el problema de Rodalies también es una cuestión de transparencia, entonces?

Todo se entiende mejor cuando lo pones a prueba. Antes de tener tiempo de olvidar las opciones de subvenciones, L’Última Merda propuso su clásico juego de acreditaciones. Todas las asistentes recibían una identidad ficticia a través de la cual tenían que relacionarse con el resto, como si estuvieran en un mercado real. Compañías bien estrambóticas, agentes facilitadores de la internacionalización con nombres sospechosamente similares a la realidad, y otros festivales y espacios de todo el mundo. Quien hace más vínculos, gana.

LA RED LO ES TODO

Internacionalizarse es clave… pero, ¿qué quiere decir, exactamente? En la mesa redonda con David Marin, Núria Ramis y Jordi Duran, los conceptos que más aparecieron fueron honestidad, mercados estratégicos y, sobre todo, red. Cuidar la red, conocer el entorno, es clave para una buena internacionalización. De hecho, en esta línea, Marin distingue el concepto de internacionalización del de movilidad internacional. El primero tiene relación con cuidar esta red, fomentar espacios de cuidados y de aprendizaje, trabajar con estrategia y escuchando cada territorio; el segundo, en cambio, supone solo buscar bolos en el extranjero. Para Marin, “no tienes que ir a mercados y festivales esperando vender bolos, sino que son los espacios de cuidados, de enamorarse, de conocer gente, para después más adelante ya hablar de colaboraciones”. ¿La clave en estos entornos? La constancia.

Evidentemente que hay proyectos más fáciles de internacionalizar que otros (un ejemplo son las propuestas de danza y circo, que normalmente no tienen texto y no necesitan traducción), pero Ramis destaca que en el mundo hay interés por conocer lo que pasa aquí. Y la lengua, a veces puede ser una barrera más en nuestra casa que en Europa, donde están acostumbrados a leer sobretítulos. La creadora Llucia Cerdà, de la compañía Sa Vorera des Tassó, comparte que el dialecto balear, que le había supuesto una barrera en su formación en Barcelona, no tiene por qué ser ningún obstáculo añadido en la otra punta del mundo, donde les da igual leer sobretítulos de una cosa o de otra.

Hay que prestar atención a cada territorio, destaca Duran «lo que aquí funciona en teatro de calle quizás no funciona en el Reino Unido, pero sí en Francia». Conocer al otro es fundamental, añadirán Carranza y Campabadal más tarde, tenemos que saber quién es nuestro interlocutor, qué intereses tiene, y tener ganas de dialogar con él, más allá de vender nuestro proyecto. Preparar las reuniones y no ir a ciegas.

Ahora bien, Campabadal nos aporta una dosis de realismo: soñar está muy bien, pero no todos los proyectos son para el mercado internacional, y para rodar por el mundo “hay que tener músculo”. Primero, afiancemos nuestro proyecto aquí, busquémonos un equipo de producción, distribución. Y cuando tengamos una estructura fuerte, entonces será el momento de saltar fuera.

Y cuando llegue el momento de saltar, seguir la intuición y dejarse acompañar de buenas aliadas. Algunos de los nombres que nos recomiendan nuestras expertas son Iva Horvat, de Art Republic (que ofrece mentorías, con un replanteamiento total del proyecto para encararlo a distribución); la institución belga CAMPO (espacio de residencia que acompaña procesos largos de creación y exhibición y que, atención, tiene vínculo con La Caldera de Barcelona), o la gestora Irene Segura (embajadora clave para conocer el mercado del Reino Unido).

INTERNACIONALIZACIÓN STARTER PACK

Después de la mesa redonda, pasamos al brunch en la terraza, bajo el sol y entre edificios modernistas, y después nos regalamos todavía unas dinámicas plásticas para hacer hervir el pensamiento desde las manos. Todo ello, para acabar con unos rincones de cuidados más personalizados donde grupos de tres o cuatro artistas podrán compartir sus dudas a solas con las diversas expertas que han asistido a la jornada.

Uno de estos rincones, por ejemplo, se centra en los errores más frecuentes que pueden darse al empezar a rodar por el mundo. Duran explica que cada país tiene sus códigos sociales, y también sus legislaciones específicas. Por ejemplo, aquí tenemos muy arraigada la cultura del correfoc y de los diablos, pero en otras regiones pueden surgir muchos problemas legales con espectáculos que utilicen pirotecnia. También, cada país tiene sus telarañas administrativas particulares, y aquí hay que no pillarse los dedos con gastos asociados: riesgos laborales, pólizas… Y, sobre todo, ¡hay que pactar el precio del caché, siempre por escrito, y que sea inamovible! Sobre todo cuando hay aranceles o cambios de divisas.

Que no te engañen, la primera impresión cuenta. En un mundo en que “no parecemos desesperadas, es que estamos desesperadas”, como dice una de las artistas asistentes a la jornada, Gaia Bautista, tenemos que saber combinar la perseverancia con la paciencia. Marin nos lo recuerda: mirar a quién enviamos las cosas, no hacer mails genéricos, menos es más. Y sobre todo, insistir de manera razonable cuando no nos hacen caso, recordemos que al otro lado del ordenador hay una persona que tiene la responsabilidad de hacer su trabajo, pero que no deja de ser humana y tener sentimientos. No seamos como Bernie Sanders, insistiendo hasta el infinito; a veces un silencio de un programador puede ser interpretado como una respuesta elocuente.

Finalmente, tenemos que encontrar la manera de que un mundo tan abrumador como el de la internacionalización no nos sobrepase. Hay muchas puertas donde llamar y el tiempo es limitado: ¿cómo saber cuáles elegir? Para Ramis, la respuesta es dejarse ayudar, confiar en el boca a boca. Contactar con amigas o conocidas que ya hayan dado el primer paso y pedirles consejo. Ver por dónde se ha movido aquella compañía que tanto nos gusta y seguirle los pasos. O pedir apoyo a la gente del Llull. Podemos perder mucho tiempo y energías buscando a ciegas. La red (palabra que nos ha acompañado durante toda la jornada, y que quizás es su mejor resumen) es la base para que ferias, mercados y circuitos internacionales no nos superen tanto, y para aprender cuál es nuestra manera de movernos en ellos. Una palabra que une la misión del Institut Ramon Llull con el espíritu del Festival Z, que procura que cada año las generaciones de artistas hagan piña. Y que entronca también con la voluntad lúdica y relacional de L’Última Merda. Juntas, no solo somos más fuertes, sino que nos lo podemos pasar mucho mejor.

@lultimamerda

El passat 18 de març va tenir lloc una jornada d’intercanvi i aprenentatge mutu sobre internacionalització en arts escèniques, coimpulsada per l’Institut Ramon Llull i el Festival Z i dinamitzada per L’Última Merda Col·lectiu. L’activitat va durar de les deu del matí a les cinc de la tarda (amb brunch inclòs!), i va comptar amb la participació especial de David Marin (Nau Ivanow), Núria Ramis (Festival Grec), Jordi Duran (Festival MAC i Festival de Nadal de Barcelona – ICUB) i Ester Campabadal (ICEC), així com amb una desena de companyies i artistes joves vinculades als entorns del Festival Z, l’escola universitària ERAM i la Nau Ivanow.

Com sol passar amb les activitats de L’Última Merda, la jornada va començar movent el cos, al ritme de “La gira internacional de les dives”, on artistes i programadores, joves i grans, van poder trencar ràpidament totes les barreres, traient l’estrella que cadascuna duu a dins.

Amb la samarreta suada i les vergonyes tretes, van engegar la jornada Teresa Carranza i Anna Monge, de l’Àrea de Creació de l’Institut Ramon Llull, que van explicar el funcionament de l’Institut i les diferents línies de suport que ofereix en l’àmbit de les arts escèniques: suport a la creació, exhibició, mobilitat, traducció i subtitulació, a més de residències internacionals. Carranza va destacar la importància que juga tot l’ecosistema teatral en l’àmbit de la internacionalització, la necessitat d’anar a fires i mercats i posar-se en relació.

De fet, alguns dels ajuts de l’ICEC, com va explicar Ester Campabadal, cobreixen també les despeses derivades de la prospecció (que no exhibició, com sí que ho fa el Llull) a aquests festivals i fires. Compte, que de vegades els ajuts triguen molt a resoldre’s, algú diria que potser massa, però és el preu a pagar per fer que tot sigui el màxim de rigorós i objectiu possible. “No és que sigui lent, és transparent”, va destacar Monge. Potser el problema de Rodalies també és una qüestió de transparència, doncs?

Tot s’entén millor quan ho poses a prova. Abans de tenir temps d’oblidar les opcions de subvencions, L’Última Merda va proposar el seu clàssic joc d’acreditacions. Totes les assistents van rebien una identitat fictícia a través de la qual havien de relacionar-se amb la resta, com si fossin en un mercat real. Companyies ben estrambòtiques, agents facilitadors de la internacionalització amb noms sospitosament similars a la realitat, i altres festivals i espais d’arreu del món. Qui fa més vincles, guanya.

LA XARXA HO ÉS TOT

Internacionalitzar-se és clau… però, què vol dir, ben bé? A la taula rodona amb David Marin, Núria Ramis i Jordi Duran, els conceptes que més van aparèixer van ser honestedat, mercats estratègics i, sobretot, xarxa. Cuidar la xarxa, conèixer l’entor, és clau per a una bona internacionalització. De fet, en aquesta línia, Marin distingeix el concepte d’internacionalització del de mobilitat internacional. El primer té relació amb cuidar aquesta xarxa, fomentar espais de cura i d’aprenentatge, treballar amb estratègia i escoltant cada territori; el segon, en canvi, suposa només buscar bolos a l’estranger. Per a Marin, “no has d’anar a mercats i festivals esperant vendre bolos, sinó que són els espais de cura, d’enamorar-se, de conèixer gent, per després més endavant ja parlar de col·laboracions”. La clauen aquests entorns? La constància.

Evidentment que hi ha projectes més fàcils d’internacionalitzar que d’altres (un exemple són les propostes de dansa i circ, que normalment no tenen text i no necessiten traducció), però Ramis destaca que al món hi ha interès per conèixer el que passa aquí. I la llengua, de vegades pot ser una barrera més a casa nostra que a Europa, on estan acostumats a llegir sobretítols. La creadora Llucia Cerdà, de la companyia Sa Vorera des Tassó, comparteix que el dialecte balear, que li havia suposat una barrera en la seva formació a Barcelona, no té per què ser cap obstacle afegit a l’altra punta del món, on tant els fa llegir sobretítols d’una cosa o d’una altra.

Cal fer atenció a cada territori, destaca Duran “el que aquí funciona en teatre de carrer potser no funciona al Regne Unit, però sí a França”. Conèixer l’altre és cabdal, afegiran Carranza i Campabadal més tard, hem de saber qui és el nostre interlocutor, quins interessos té, i tenir ganes de dialogar-hi, més enllà de vendre el nostre projecte. Prepara les reunions i no anar a cegues.

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